Su aspecto interior.
Conserva el aspecto que se le dio en las obras de remodelación
a principio de los años sesentas.
Al entrar a la iglesia se encuentra un artístico cancel de madera
con emplomados que fueron colocados en el trienio de 1924 a 1926.
Entrando, a mano izquierda, se encuentra una pequeña capilla
dedicada a San Judas Tadeo, lugar que por muchos años fue el
Bautisterio y en el que nacieron a la vida cristiana infinidad de torreonenses
y otros laguneros. La protege una reja de hierro colocada en los años
veintes.
A mano derecha hay otra capilla más pequeña, casi más
bien un nicho amplio con la imagen de Ntra. Sra. de San Juan de los
Lagos y otras de devoción popular. Tiene también una reja
protectora.
En la parte alta de esta sección de entrada se encuentra el coro,
lugar amplio con piso de madera y con el órgano musical con el
que se acompañan los cantos religiosos de las ceremonias y funciones
de la iglesia. Esta parte del frente, parte baja y parte alta, que corresponde
también al área donde están sentadas las torres,
es el área que ha conservado de cierta forma su antigüedad,
sin haber sido muy modificada su original construcción.
El recinto el templo, se amplía al pasar del área de la
entrada a su cuerpo principal que llega hasta donde comienza el presbiterio.
Es un tramo bastante amplio, largo y ancho; altas paredes, techo cóncavo,
sin demasiada curvatura, de plafón. Es el espacio dedicado a
los fieles; lo llenan aproximadamente un centenar de bancas que dan
un cómodo asiento a poco más de 600 personas. En la parte
superior de las paredes hay seis vitrales en cada una con las figuras
de: la Virgen de Guadalupe, la Virgen del Perpetuo Socorro, San Felipe
de Jesús y San José en un lado. En el otro: Santa Filomena,
Santa Rosa de Lima, Inmaculado Corazón de María y la Virgen
del Carmen. Son vitrales de mucha antigüedad.
En el cuerpo de la iglesia hay imágenes de bulto del Sagrado
Corazón de Jesús, San Antonio María Claret, Inmaculado
Corazón de María, de la Sagrada Familia, Jesús
Nazareno, San Francisco de Asís; una imagen grande del Crucificado,
aparte de la del presbiterio, con la Dolorosa. Las estaciones del Via
Crucis están señaladas por recuadros con imágenes
en relieve.
Además de la puerta principal al frente de la iglesia, tiene
dos puertas laterales amplias, una que da a la calle Ramos Arizpe y
la otra al patio de los locales de la parroquia; así como dos
más pequeñas, también laterales y salidas hacia
las mismas direcciones.
El presbiterio es el área para las celebraciones
y ministros celebrantes: en él se encuentran los “lugares”
de los ritos: altar, sagrario, ambón, sede, etc. En esta iglesia
es un lugar alto, con dos niveles, que facilita la visibilidad para
los oficios, aunque alejan un poco a los celebrantes del resto del pueblo.
El inicio del presbiterio arranca de un artístico barandal de
metal con medallones de diversos motivos religiosos, conocido antiguamente
como comulgatorio.
El ábside. Podemos considerar como tal el muro
de fondo del presbiterio en el que resalta el camerino con la hermosa
figura de Nuestra Señora, centro de las miradas y de las oraciones
de sus hijos iluminada por luz indirecta solar en el día, y eléctrica
por la noche. De la imagen se habló en otro apartado de esta
síntesis histórica. El ábside tiene también
otros elementos decorativos: dos grandes y hermosos ramos de flores,
uno de azucenas y lirios por un lado y de rosas por el otro; además,
por encima del camerino, la pintura impresionante que reproduce en grande
la Corona Imperial que recuerda que Santa María
de Guadalupe ha sido proclamada como Reina y Señora de los Laguneros.
Últimamente se han añadido dos grandes leyendas, con las
palabras de presentación de la Virgen a su confidente Juan Diego,
en lengua nahuatl de un lado y en castellano en el otro.
Los tres “lugares” del presbiterio son: el Altar, mesa sobria
de mármol, para la celebración del Sacrificio de Cristo
(la Santa Misa); el Sagrario, urna metálica y segura para la
guarda y conservación de las hostias consagradas (Jesús
Sacramentado); y una hermosa y grande imagen de Jesús crucificado,
que litúrgicamente debe presidir las celebraciones.